Conocen La rosa de Sarón?
La expresión rosa de Sarón, se usa sólo una vez en la Biblia y se pone en boca de la novia del
Cantar de los Cantares,
“Yo soy la rosa de Sarón,
El lirio de los valles.
Como lirio entre los cardos,
Así es mi amada entre las jóvenes.
Como manzano entre los árboles silvestres,
Así es mi amado entre los jóvenes.
Estoy sentada a su sombra deseada
Y su fruto me es dulce al paladar”.
(Cantar de los Cantares 2,1-3)
Este libro del Antiguo Testamento, atribuido a Salomón, en el lenguaje más poético de la Biblia, nos ayuda a poner el amor humano, en el centro de nuestras inquietudes, sentimiento y realización.
Amor al que todo hombre y mujer aspira: verdadero y fiel hasta la muerte, porque procede de Dios, fuente de todo amor verdadero.
La exégesis nos acerca al profundo sentido de este Libro, en el cual se anticipa la figura del Mesías, “Verbo de Dios que hecho carne, puso su tienda entre nosotros, en el que todo era don amoroso y verdad” (Jn,1,14) perfecto en su amor, quien como novio amante toca a las puertas del alma para entrar y ser uno con ella.
La Biblia utiliza el nombre Sarón para describir a una de las llanuras más grandes de Palestina, ubicada entre la ciudad de Jope y Ajalón, llena de pastizales, era muy apta para hacer pastar el ganado. Este lugar se cita además en 1 Crónicas 5:16 y 27:29; y en Hechos 9:35.
La hermosura de este valle radicaba también por sus abundantes y bellas flores silvestres.
La rosa de Sarón no está bien identificada, pues puede ser cualquiera de las flores allí crecen, se piensa que puede ser la “Rosa citus” que se encuentra en varias partes de Palestina, valiosa por su aroma tranquilizador y propiedades anestésicas. Pero también puede ser una especie de junco, lirio o narciso.

“Que se alegren el desierto y la tierra seca,
Que con flores se alegre la pradera.
Que se llene de flores como junquillos,
Que salte y cante de contenta,
Pues le han regalado el esplendor del Líbano
Y el brillo del Carmelo y del Sarón.” (Isaías 35, 1-2)
No hay duda que podemos reconocer en Jesús, (el que ha venido a sanar a los enfermos y levantar a los caídos), en sus cualidades humanas y divinas, la armonía, simetría, belleza, fragancia, majestuosidad en la simplicidad, poder sanador y tranquilizador, cualidades que en suma modestia están figuradas en la Rosa de Sarón.

VEN AMADA MÍA
(Inspirado en el “Cantar de los Cantares”)
En la noche busqué el amor de mi alma,
en mi árido jardín Él hizo su morada,
con perlas de rocío cubrió Él mi cabeza,
mi alma está presta, mi bien amado llega.
¡Ven, amada mía!, ¡ven a mi jardín!.
El invierno ya pasó
y las viñas en flor exhalan su frescor.
¡Ven a mi jardín!.
Habla mi bien amado, atisba en la ventana.
El fruto está maduro, mi alma está presta…
Espero su llamada pidiéndome abrir,
arrulla la paloma, mi bien amado llama.

¡Ven, amada mía!, ¡ven a mi jardín!.
El invierno ya pasó
y las viñas en flor exhalan su frescor.
¡Ven a mi jardín!.
“Yo soy la rosa de Sarón,
El lirio de los valles.
Como lirio entre los cardos,
Así es mi amada entre las jóvenes.
Como manzano entre los árboles silvestres,
Así es mi amado entre los jóvenes.
Estoy sentada a su sombra deseada
Y su fruto me es dulce al paladar”.
(Cantar de los Cantares 2,1-3)
Este libro del Antiguo Testamento, atribuido a Salomón, en el lenguaje más poético de la Biblia, nos ayuda a poner el amor humano, en el centro de nuestras inquietudes, sentimiento y realización.
Amor al que todo hombre y mujer aspira: verdadero y fiel hasta la muerte, porque procede de Dios, fuente de todo amor verdadero.
La exégesis nos acerca al profundo sentido de este Libro, en el cual se anticipa la figura del Mesías, “Verbo de Dios que hecho carne, puso su tienda entre nosotros, en el que todo era don amoroso y verdad” (Jn,1,14) perfecto en su amor, quien como novio amante toca a las puertas del alma para entrar y ser uno con ella.
La Biblia utiliza el nombre Sarón para describir a una de las llanuras más grandes de Palestina, ubicada entre la ciudad de Jope y Ajalón, llena de pastizales, era muy apta para hacer pastar el ganado. Este lugar se cita además en 1 Crónicas 5:16 y 27:29; y en Hechos 9:35.
La hermosura de este valle radicaba también por sus abundantes y bellas flores silvestres.
La rosa de Sarón no está bien identificada, pues puede ser cualquiera de las flores allí crecen, se piensa que puede ser la “Rosa citus” que se encuentra en varias partes de Palestina, valiosa por su aroma tranquilizador y propiedades anestésicas. Pero también puede ser una especie de junco, lirio o narciso.
“Que se alegren el desierto y la tierra seca,
Que con flores se alegre la pradera.
Que se llene de flores como junquillos,
Que salte y cante de contenta,
Pues le han regalado el esplendor del Líbano
Y el brillo del Carmelo y del Sarón.” (Isaías 35, 1-2)
No hay duda que podemos reconocer en Jesús, (el que ha venido a sanar a los enfermos y levantar a los caídos), en sus cualidades humanas y divinas, la armonía, simetría, belleza, fragancia, majestuosidad en la simplicidad, poder sanador y tranquilizador, cualidades que en suma modestia están figuradas en la Rosa de Sarón.
VEN AMADA MÍA
(Inspirado en el “Cantar de los Cantares”)
En la noche busqué el amor de mi alma,
en mi árido jardín Él hizo su morada,
con perlas de rocío cubrió Él mi cabeza,
mi alma está presta, mi bien amado llega.
¡Ven, amada mía!, ¡ven a mi jardín!.
El invierno ya pasó
y las viñas en flor exhalan su frescor.
¡Ven a mi jardín!.
Habla mi bien amado, atisba en la ventana.
El fruto está maduro, mi alma está presta…
Espero su llamada pidiéndome abrir,
arrulla la paloma, mi bien amado llama.
¡Ven, amada mía!, ¡ven a mi jardín!.
El invierno ya pasó
y las viñas en flor exhalan su frescor.
¡Ven a mi jardín!.
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